Uno de mis primeros recuerdos de la iglesia es estar sentado en una de las bancas de cedro adelante. Por alguna razón, a los hijos de predicadores y pastores nos sientan siempre adelante. Alguien en algún tiempo tuvo brillante la idea de hacer pensar a los demás que mientras mas adelante se sienta uno en la iglesia mas “santo” o mas “cristiano” es. En fin, mi recuerdo es estar en esa banca y ver a una hermana que con su dedo apuntándome a la cara me decía: “¡¡antonio, te tienes que portar bien porque tu papá está predicando!!”.
Hoy, años después, aún no entiendo lo que la hermanita me estaba tratando de decir. ¿Qué?, ¿quiere decir que si mi papá NO estaba predicando entonces me podía portar mal? No quiero sonar poco brillante pero ¿qué tenía que ver el hecho que mi papá estaba predicando con que yo me portara bien? Acaso ¿no nos debemos portar todos bien todo el tiempo no importando quién esté predicando? Ahahahaha, los grandes misterios de nuestro universo!!!!!!
Yo creo que no hay mucho misterio. Creo que es obvio el problema serio que afrontamos como iglesia con aquellos que son hijos de “Líderes” o “Pastores”. Al mismo tiempo, no quiero poner el problema fuera de proporción. Hay muchos hijos de líderes cristianos que no hemos tenido la clase de problemas de rebeldía que generalmente se nos atribuyen. Hemos tenido problemas, si, pero no hemos llenado el perfil que generalmente (y muchas veces erróneamente) se le atribuye a los hijos de pastores.
Quiero ser claro aquí, yo se que yo no era el niño merecedor del diploma por mejor comportamiento. De niño yo no necesitaba oración, creo que necesitaba liberación!!!!!!! Solo pregúntenle a mis maestros de Escuela Dominical o a los compañeros de ministerio de mis papás.
Lo interesante es que ahora también puedo juzgar que mi comportamiento no era porque era hijo de un predicador sino era resultado de ser un niño hiperactivo. Sí, yo era hijo de pastor, pero también era hiperactivo. Y recuerdo que había en la iglesia otros niños hiperactivos y traviesos como yo, pero en ellos, ese comportamiento los hermanos lo veían como normal. En mi, lo miraban como resultado de ser hijo de pastor.
Esta creo que es la raíz del problema; las expectativas que tenemos de los hijos de nuestros líderes. Los medimos con la misma vara con que medimos a nuestros líderes. Vemos a Pedrito, vemos a Susanita, y queremos ver a un pastorcito a una pastorcita. Estamos muy equivocados.
Si tan solo dejáramos en paz a los hijos de nuestros pastores y líderes. Si los dejáramos ser según su personalidad. Si los disciplináramos según su edad y no según la posición de sus padres, ellos crecerían en un ambiente que ellos respetarían porque percibirían que la gente al rededor respeta su personalidad, su forma de ser y su espacio personal.
¿Cómo queremos que los hijos de nuestros líderes sean lumbreras si desde pequeños han crecido con la famosa frasecita: “ Hijo de pastor. . .lo peor” ?
Una vez, después de hacer una de mis famosas travesuras en la iglesia (le puse una rata blanca en la bolsa a mi maestra---ya me perdonó--) uno de los adultos me miró hacia abajo con mirada de dios griego y me dijo: “Bien dicen, hijo de pastor lo peor”.
En la noche, después de que en mi casa me habían disciplinado por mi hazaña, pregunté a mi mamá qué significaba esa frase. Ella me dijo: “¿Quién te dijo eso hijito?” –“ El hermano ¿?”—le contesté, no entendiendo la cara de curiosidad de mi mamá (ahora ya la entiendo!!). “Ah”—me contestó—“ el hermano ¿? se confundió, lo el quiso decir fue ‘hijo de pastor lo mejor’!!!!!!!” Mi mamá siempre sembrando positivismo en mi corazón. “ Lo que hiciste estuvo mal”,--continuó diciéndome—“ pero lo que el hermano Ramiro te dijo no fue por eso. Eres tan bueno y tan lindo –(quiero creer que aún lo soy!!!!!!!)—que eres lo mejor”.
¿Qué le estamos sembrando en el corazón a los hijos de nuestros líderes? ¿No creen que si sembramos en ellos que son lo mejor y que son especiales, crecerán comportándose como los mejores y los mas especiales?
Quiero pedirles perdón por ponerme de ejemplo, pero humildemente les digo que es el mejor que pude encontrar!!!!!! Basado en mi propia experiencia, quisiera compartir lo que yo creo que son las responsabilidades de la iglesia hacia los hijos de pastores y líderes. También quisiera compartir lo que aprendí de mis padres creciendo como hijo de líder. Y como “bonus track” le quiero compartir unos pensamientos a mis compañeros de batalla, los hijos de pastores.
Cosas que aprendí de la iglesia:
Mi papá es el pastor, no yo. En 1 Crónicas 29 vemos un ejemplo clásico de esto. El Rey David estaba dando sus últimas instrucciones para la construcción del templo y la continuidad del Reino. El capítulo abre con la instrucción firme y específica a toda la congregación: “ Sólo a mi hijo Salomón ha elegido Dios. El es joven e inmaduro . . .”. Wow!!! David no sólo le estaba hablando a “su” congregación, nos estaba hablando a todos nosotros. Los hijos de nuestros líderes han sido escogido por Dios para estar en La Obra con sus padres pero no son como sus padres, por un tiempo serán jóvenes e inmaduros. La iglesia adulta y madura tiene la responsabilidad de amarlos así y ayudar a su crecimiento espiritual para que su amor por la iglesia crezca y no disminuya como muchas veces lastimosamente es el caso.
Castíguenme porque me porto mal, no porque mi papá es pastor. Yo no digo que hay que tolerar el mal comportamiento. Pero sí creo que debemos ser justos y disciplinar por las razones correctas. Los procedimientos disciplinarios que la iglesia tenga se deben aplicar. Pero no hay excusa de sacar la ya trillada bandera de que “tienes que dar el ejemplo”,--¿ejemplo de qué? o “No te da vergüenza, tu papa es el pastor”--¡No!, no me da vergüenza portarme mal, ni me da vergüenza que mi papá sea el pastor.
Prémienme por lo que soy no por lo que mis papás son. Muchas veces los hermanos de la iglesia cometen el error de darle privilegios a los hijos del pastor no porque son competentes sino para que el pastor se sienta bien que a sus hijos los toman en cuenta. Si los hijos del pastor son buenos para cantar hay que ponerlos a cantar, si no sirven para cantar, pónganlos de burritos en el drama de Jesús entrando a Jerusalén, pero no les den un privilegio que no les corresponde. Y cuando se lo den, asegurense de que sepan que es por sus méritos y no por los méritos de sus papás.
gracias
yo creo ke muhos encontraran una grna verdad en esto.